Las sociedades y compañías

Publicado el 30/07/2025
Agustinos


Texto: Santiago Alcalde, OSA
Música: Bensoundcute

Por el interés te quiero Andrés

La sabiduría popular ha condensado en una frase todo un tratado de filosofía: “Más vale solo que mal acompañado”. Se refiere principalmente a las personas que se
unen a otras, solo por intereses materiales; y no por un profundo amor o una verdadera amistad.
Una gata y un hurón, que vivían vecinos, viendo que tenían los mismos gustos alimenticios: los ratones, formaron una sociedad. Durante muchos días, vivieron sin
ningún problema y en la mayor amistad. La gata cazaba poco, porque las ratas eran grandes; pero ayudaba al hurón que así mataba muchas. Luego el hurón le daba su parte a la compañera, quien, por su lado, y para variarle la comida, le dejaba algo de lo que le
daban los amos de la casa.
Cuando las ratas y ratones comenzaron a escasear, el hurón se comía las pocas piezas que podía conseguir y ya no le daba ya nada a la gata. Para complicarlo todo, la
gata tuvo familia y se vio en la necesidad de alimentar a su prole. Vino la penuria y el hambre. Hubo discusiones y reyertas entre los dos amigos. Un día el hurón, medio muerto de hambre, vio pasar cerca de él solo a uno de los gatitos y sin pensarlo mucho, se lo comió. En vano la gata buscó al hijo que le faltaba.
Al día siguiente el hurón, engolosinado, cazó otro gatito. En esta ocasión, la gata lo vio todo y corrió a salvar a su hijo; pero cuando llegó, el hurón ya se lo había comido. La gata se lanzó sobre el hurón y se pelearon. Lógicamente la sociedad que habían formado
desapareció.
Esta fábula nos describe el comportamiento habitual de los humanos. Las personas se unen y forman grupos y sociedades para tener más: ampliar el capital, poseer más dinero, tener más bienes. Todo por intereses puramente materiales. Mientras hay mucho que ganar, todo suele ir bien. Pero cuando viene la crisis y hay poco para repartir, surgen los problemas. La sociedad se disuelve; y con mayor motivo si uno de los socios se queda con más de lo que le pertenece.

Los que eran socios terminan enfrentados y enemigos para toda la vida. “La verdadera amistad, dice san Agustín, sólo puede fundamentarse en Dios”.