Los enemigos destruidos

Publicado el 11/04/2024
Agustinos


Texto: P. Santiago Alcalde Arriba OSA

Música: Amazing Grace - Kesia 

El emperador Taizong y los Kitán

¡Buenos días!

Destruir es fácil, lo difícil es construir. Odiar es fácil, lo difícil es amar. Vengarse es fácil, lo difícil es perdonar. Todas las personas tendemos a realizar lo fácil y no lo difícil; pero lo extraño es que esto lo justificamos con toda clase de explicaciones y argumentos. Así tratamos de convencer a los demás, que no a nosotros, que hay que devolver mal por mal.

El emperador chino Taizong, que vivió a finales del siglo X, fue un emperador que puso mucho empeño en lograr el bienestar de su pueblo. No obstante, tuvo que combatir dos veces contra el pueblo Kitán, al norte de China. Se cuenta que cuando fue informado de la segunda rebelión de los Kitán, el emperador montó en cólera y llamando a los ministros de su gobierno y a los jefes militares les dijo: “¡Esto se terminó! ¡Estos rebeldes no volverán a levantarse jamás! Seguidme todos y destruiré a mis enemigos”. Se preparó un gran ejército contra los insurgentes. Cuando llegaron las tropas hasta la región de Kitán y antes de empezar las acciones militares, el emperador mismo conferenció con los jefes rebeldes. Los trató tan afablemente, que ellos mismos por gratitud se sometieron a él.

Todos los que formaban el séquito del monarca se sorprendieron de la forma tan humanitaria, e incluso cariñosa, con que había tratado a los rebeldes. El primer ministro, entonces, preguntó con enojo al emperador: “¿De esta manera cumple su imperial majestad la promesa que hizo? Dijisteis que destruiríais a vuestros enemigos y los habéis perdonado a todos y los habéis tratado con misericordia y bondad”. El emperador Taizong, mirando a todos sus cortesanos y generales, dijo: “Prometí destruir a mis enemigos y ya veis que nadie ahora es mi enemigo. A todos los he hecho mis amigos”.

Jesús nos enseña a perdonar y amar a todos. A hacer de nuestros enemigos, amigos; y a convertir nuestro corazón lleno de odio y venganza, en un corazón compasivo y misericordioso como el de Jesús.

BUENOS DÍAS