Texto: Aurora Sanz
Música: Bensoundcute
Buenos días,
Muchos de vosotros estaréis ya de vacaciones, y otros estaréis deseando que lleguen de un momento a otro. Precisamente por esto, hoy me gustaría reflexionar sobre un tema que suelo mencionar bastante y que es la vorágine de actividades y preocupaciones que llevamos durante todo el año (parecemos auténticos malabaristas) y lo importante que es parar y confiar en Dios. Aprovechemos este verano para ponerlo en práctica, desconectar e idealmente bajar un poco el ritmo y ya puestos continuar con ese espíritu cuando volvamos a la rutina en septiembre. Empezaré por aplicarme yo misma el cuento, porque empecé el borrador de este texto hace casi un mes y lo he tenido aparcado entre tareas y más tareas…
En el sermón del monte, según narra el evangelio de San Mateo, Jesús pregunta quién puede solo por preocuparse añadir un codo más a su estatura. O lo que es lo mismo, quién por preocuparse y afanarse puede añadir una sola hora al curso de su vida. A veces vamos por la vida intentando producir más y nos enfocamos en el hacer y no en el ser, cuando en realidad tanta actividad es un enfoque bastante miope que no va a añadir nada fundamental a nuestras vidas. Vivimos en tiempos donde la prisa se ha vuelto norma. Donde estar ocupados es casi sinónimo de valer la pena y perder el tiempo, incluso en los momentos de ocio, un pecado capital. Descansar parece una debilidad y se equipara valor a productividad. La realidad es que muchas veces toda esta velocidad no añade nada valioso y solo nos lo roba y nos aleja de lo realmente fundamental.
No hay que irse al otro extremo y pensar que lo que se fomenta es la irresponsabilidad y la holgazanería, sino la confianza y nuestra libertad frente a la ansiedad y la prisa y ocuparnos sin preocuparnos cuando hay algo fuera de nuestro control. Porque nuestra obsesión por el futuro puede robarnos el presente.
Así que este verano, detente, baja el ritmo al menos y no es para estar ocioso sin motivo, sino como una oración silenciosa y para VIVIR más.
Algunas sugerencias:
- Deja el móvil.
- Sal a caminar sin destino.
- Mira el mar como quien contempla un misterio.
- Practica el mindfulness.
- Guarda silencio y escucha quien realmente eres cuando dejas de correr.
Abre el alma y déjate sostener, porque Dios nos cuida, nos escucha y sabe realmente lo que necesitamos (mejor incluso que nosotros mismos). Tratemos de detenernos sin culpa para simplemente ser y no únicamente para recargar pilas y volver a producir más en septiembre.
Acabo este texto con una idea que he escuchado recientemente, aunque no recuerdo donde: No es sólo vivir, es ser consciente de cómo vivo lo que vivo.
Feliz día y felices y pausadas vacaciones.