Hola, qué tal, cómo estás.
Comenzamos una nueva semana y, mañana, un nuevo mes, febrero. Quiero destacar que el miércoles día 2 celebramos en la Iglesia Católica el día de la “vida consagrada”.
Dicha vida la eligen los cristianos, hombres o mujeres, que sienten la llamada a una entrega total a Dios, puesta al servicio de su Reino, bajo la acción del Espíritu Santo. Y esta vida se caracteriza por la vivencia de los llamados “consejos evangélicos” de pobreza, castidad y obediencia.
Hoy, en nuestro apartado de las “Píldoras de San Agustín”, recordamos cómo el santo admira y alaba a los consagrados.
Nos dice San Agustín:
“¿Cómo no vamos a admirar y alabar a aquellos que olvidan y dejan de lado los placeres de este mundo y viven juntos en pura y santa comunión?
Pasan su tiempo orando, leyendo y discutiendo, sin llenarse de soberbia, sin pelear o envidiarse.
Calma, modesta y pacífica es su vida de perfecta armonía y devoción a Dios.
(Sobre las costumbres de la Iglesia Católica 31, 67)
Oración
"Dáteme, mi Dios, pues te amo. Y si esto no basta, te amaré aún más ardientemente".
(Confesiones 13, 8)