Hola, qué tal, cómo estás.
Hoy es el día de San Valentín. Un católico sacerdote que, allá por el siglo III, se enfrentó al emperador romano Claudio II y esto, le costó la vida.
Dicho emperador había decidido prohibir la celebración de matrimonios, cosa que Valentín consideró injusta. Entonces él se dedicaba a casarlos en secreto, por la noche. Por este motivo fue perseguido y martirizado. De ahí que a San Valentín se le considere el patrono de los enamorados.
Ahora bien, este día, que es un momento para reconocer y reafirmar el amor de pareja, se ha convertido en muchos casos en un día solo de consumo, de hacer y recibir regalos.
En tiempos de San Agustín parece que ya ocurría lo mismo, por eso nos dice el santo:
“Suponed que un hombre fabrica un anillo para su novia y que ella ama ese anillo más que a su novio que lo ha fabricado. Naturalmente, dejamos que ame su regalo; pero si ella dijera: “me basta el anillo, no quiero verte más”, ¿qué diríamos de ella?
El anillo le es dado por su novio para que, en él, él mismo sea amado.
De igual modo Dios nos ha dado todas las cosas. Amemos en ellas a aquel que las ha creado.
(Comentario al Evangelio de San Juan 2, 11)
Oración
Señor, haz que aquellos que te entienden, te alaben y aquellos que no te comprenden te rueguen lo mismo.
(Confesiones 11, 31)