¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

Publicado el 11/04/2022
Agustinos


Texto: Miguel A. Herrero, OSA,
Música:  Bensound cute

¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

Hoy, lunes santo, la liturgia de la eucaristía nos presenta el texto en que Jesús va a casa de sus amigos Lázaro y sus hermanas Marta y María y ésta última, María, la que en su momento se sentó a los pies del maestro para oír su palabra, tiene hoy un bonito y significativo gesto, unge los pies de Jesús con un caro perfume y los enjugó con sus cabellos, dejando un fragante olor en toda la casa. Mientras tanto Marta ya sabemos, a lo suyo, a servir la cena en la que tranquilamente Lázaro participaba con Jesús y demás comensales.

Y, nuevamente hoy me pregunto: ¿Cuál es la actitud correcta? ¿Quién en esta ocasión hace lo mejor? ¿Marta y su servicio? ¿María y su estar atenta y detallista con el maestro? ¿Quizá, Lázaro? sentado a la mesa y compartiendo tiempo y conversación con Jesús y demás discípulos.

¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

La empatía, me hace mirar con buenos ojos a María porque la cosa tiene gracia. En la otra ocasión María se llevó el reproche no disimulado de su hermana: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”  Hoy es Judas (¡anda qué!) el que tiene el reproche en los labios: ”¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? “

Por otra parte, el Jueves Santo, está ahí a la vuelta y proclamará como valor fundamental el servicio: “no he venido a ser servido si no a servir y a dar sla vida como rescate por muchos”, dirá el maestro, rodilla en tierra mientras lava los pies a sus discípulos.

Y si se trata de servir, ahí está Marta, al pie del cañón, siempre dispuesta, siempre activa, siempre.

¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

Pues verás, te he tejido una pequeña trampa porque lo que quiero proponerte, es más general que los bellos detalles que se nos presentan sobre Marta y María. Sería bueno, eso te propongo que esta Semana Santa, que ayer comenzó, hagas la misma experiencia de esos tres hermanos: convierte tu casa en la misma casa de Betania. Invita a Jesús. Aloja en tu casa al Señor.

Déjale que, sentado en el lugar que elijas o elija él, te explique las Escrituras, los textos que hablan de su pasión, de su dolor, de sus padecimientos. Haz silencio. Procura no interrumpirle, no le hagas preguntas superficiales, que tu deseo sea escucharle.

Hoy es un día inolvidable: ¡Jesús se ha hospedado en tu casa!