Sabemos lo que hacemos

Publicado el 13/04/2022
Agustinos


Texto: Santiago Alcalde, OSA,
Música:  Bensound cute

Sabemos lo que hacemos

Todos, por lo menos elementalmente, sabemos lo que hacemos de bueno o de malo en nuestra vida. Otra cosa es si, a fuerza de hacer el mal, nos acostumbramos a él y ya no nos inquieta, no nos molesta, nos habituamos a vivir así. Muy distinta es la actitud de la persona que reconoce que hay errores en su vida y pide ayuda a Dios: “Señor, no puedo, ayúdame a poder… No quiero, ayúdame a querer… No amo, ayúdame a amar… No perdono, enséñame a perdonar...”.

 Se puede justificar la debilidad de quien no es capaz de hacer el bien; pero nunca la ignorancia para no hacerlo. Hay en todos como una sabiduría interior que, si nos falta, es porque en algún momento la hemos rechazado. A las puertas del Triduo Pascual, mira la conducta de algunos personajes que aparecen durante la pasión de Cristo. Es muy difícil justificarles diciendo que no sabían porque, en las mismas circunstancias, otros si supieron y ellos no.

¿Puede Judas decir que no sabía que su traición le costaría la vida a su Maestro? ¿Pueden las autoridades religiosas judías sostener que, al condenar a Jesús, no sabían que estaban cometiendo una injusticia que costaría la vida a un inocente? ¿Puede Poncio Pilato afirmar que él no sabía que ese hombre, que estaba ante él, se lo habían entregado por envidia? ¿Puede Barrabás aducir que él no sabía que su libertad fue a cambio de la muerte de Jesús?

En la Pasión de Cristo hay muy pocos que puedan declararse inocentes “de la muerte de ese justo” (Mt 27,24). Ni siquiera a los que Jesús, en su amor, justificó diciendo de ellos: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), porque sabían, y muy bien, su oficio de crucificadores.

Todos tenemos la posibilidad de saber lo que hemos hecho, hacemos, o vamos a realizar. A veces por debilidad, por costumbre, por miedo… nos resulta muy difícil no hacer el mal; pero lo más grave es tratar de autoconvencernos y justificarnos de que lo malo es bueno. Obrar así, es alejarse de la Verdad, que es la única que nos libera; y cerrar la puerta del perdón y de la misericordia.