San Antón, Patrón de los animales

Publicado el 17/01/2023
Agustinos


Música:  Bensound cute

San Antonio ayudó a San Agustín en su proceso de conversión

Cada 17 de enero muchas puertas de las iglesias se llenan de gente que lleva a sus mascotas para que sean bendecidas. El motivo no es otro que celebrar el día de San Antón, patrón de los animales.

El también conocido como San Antonio Abad nació en Egipto alrededor del año 251. Tras perder a sus padres cuando tenía 20 años, después de distribuir todos sus bienes entre los pobres siguiendo la indicación evangélica, se retiró al desierto, donde vivió en soledad, llevando una vida ascética.

El trabajo manual, la oración y la lectura eran sus principales ocupaciones. Se cuenta de él que se alimentaba exclusivamente de pan con un poco de sal, y no bebía más que agua. Nunca comía antes de la caída del sol y, en ciertas épocas, sólo cada tres o cuatro día y aun así los que lo conocían decían que siempre parecía vigoroso y se mostraba siempre alegre. Fundó monasterios y ante las persecuciones a que se veían sometidos los cristianos se dirigió a distintos lugares para animar a los mártires y difundir la doctrina cristiana, refutando las herejías que se difundían entre los fieles cristianos.  “Todo el pueblo se reunía para verle y escucharle. Aún los mismos paganos decían: “Queremos ver al hombre de Dios” –dicen las crónicas-.

Murió el 17 de enero del año 356, a los 105 años, que para haberse alimentado de pan con un poco sal y agua, no está nada mal. Ríete del ayuno intermitente y las dietas proteicas.

Hasta aquí una muy sucinta vida de San Antonio (para más información por ej. https://biteproject.com/san-antonio-abad/  ) A partir de aquí podemos coger dos caminos: Centrarnos en su patronazgo sobre los animales y adentrarnos en un discurso ecoanimalista o en un más moderado discurso franciscano -:“hermanos animales”- o bien, opción que elijo, recordar que el conocimiento de la vida de San Antonio ayudó a San Agustín en su proceso de conversión.

Agustín nos lo cuenta en sus confesiones: «Cierto día (…), llegó a casa a vernos a Alipio y a mí un tal Ponticiano, africano y compatriota nuestro, que a la sazón desempeñaba un alto cargo en la corte. (…) El era cristiano, estaba bautizado y muchas veces se postraba ante ti (…). Tan pronto como le expresé mi personal interés por aquellos escritos (cartas de San Pablo), surgió la conversación llevando él la voz cantante, sobre Antonio, monje de Egipto, cuyo nombre gozaba de meritoria fama, pero que nosotros desconocíamos…» (Conf. VIII, 14)

Ponticiano le contó la vida de san Antonio Abad, le habló de los monjes que poblaban los desiertos de Egipto y, su narración se clavó en el alma de Agustín… desencadenando una tempestad que sacudió su vida y le condujo por caminos de conversión, hasta llegar a ese jardín: “ Mas yo, tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda a las lágrimas,(…): «¿Hasta cuándo, hasta cuándo, ¡mañana!, ¡mañana!? ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas ahora mismo?»

Decía estas cosas y lloraba con muy dolorosa contrición de mi corazón. Pero he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee»  (…) me levanté, interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y leyese el primer capítulo donde topase.

Porque había oído decir de Antonio que, advertido por una lectura del Evangelio, a la cual había llegado por casualidad, y tomando como dicho para sí lo que se leía: «Vete, vende todas las cosas que tienes, dalas a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y después ven y sígueme»Se había al punto convertido a ti con tal oráculo.

Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba sentado Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí. Lo tomé, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, que decía: “No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emulaciones sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne con demasiados deseos.”

No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas (…) (Confesiones VIII, 29)

Desde ese momento, San Agustín descubrió que Dios era principio y fin, sentido de toda su vida, referente y guía en su caminar.

Al celebrar hoy la fiesta de San Antonio Abad, resuenen en nosotros las palabras de nuestro Padre San Agustín y que su conversión sea siempre un acicate para nuestra propia conversión…

 Y recuerda: “Los animales no fueron expulsados del paraíso “ (Milan Kundera)

Buenos días