Un año

Publicado el 24/07/2025
Agustinos


Texto:  P. Juan M. Paniagua Miguélez

Música: Amazing grace (bendito amor) - Kesia

 

UN AÑO 

¡Buenos días!

Efectivamente, tal día como hoy, 24 de julio, en el año 2024 recibía la dolorosa e incomprensible noticia del fallecimiento de mi madre; las palabras de la llamada de mi hermano se me clavaron como un puñal en el corazón. Y tras esa llamada ya todo transcurrió de forma frenética, turbulenta, y donde a veces el leve silencio que se asomaba se tornaba en un vacío difícilmente superable… Pero, a pesar de “no solucionar nada” (Dios ya había firmado el acta), pareciera como un leve consuelo el actuar deprisa para poder llegar cuando antes y darle el último beso. Gracias a que tenía ahí cerca, en el campamento de Guadarrama donde me encontraba, a muchos y buenos amigos, y también algunos hermanos agustinos, pude desenvolverme con rapidez y en cuestión de unos minutos ya me había cambiado, tomado lo más imprescindible y tenía un coche a la puerta a mi disposición para ir al pueblo… y recorrer lo más pronto posible, dentro de la legalidad, los 286 km que me separaban. Así que emprendí el viaje, que gracias a las nuevas tecnologías (básicamente el bluetooth) pude sobrellevar manteniendo múltiples llamadas con mis buenos amigos del alma que a la par que oían de mis labios la triste noticia, trataban de consolarme y me ayudaban a hacer más llevadero el camino. El resto ya os lo podéis imaginar cuando llegué a casa: mis hermanos, primos (especialmente los que lo sufrieron en primer plano), amigos, y mi tía Eulogia (sin duda, mi otra madre) … Como nos recuerda el poema de Gabriel y Galán: “¡Qué horas, qué auras! Para hacerse de acero los cuerpos, para hacerse de oro las almas”... o como nos escribe san Agustín en sus Confesiones: "me sentía como con los sentidos vueltos del revés".

 

«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». (Jn 12, 24). Con este versículo del Evangelio celebrábamos su funeral al día siguiente; y es hoy cuando vuelvo a meditarlo y me doy cuenta, después de un año de evaluaciones, recuerdos y consuelos, que ella ya nos lo había dicho en multitud de ocasiones: que los frutos de su vida a través de la entrega y amor hacia su marido Victorino, a nosotros sus hijos y a sus dos nietos y sus dos nueras, habían sido el resultado de las numerosas ocasiones en que su vida como el grano de trigo tuvo que ser enterrado y morir para producir más frutos de generosidad, entrega total, y muchísimo perdón.

¡Que el Dios de la Vida, la protección maternal de la Santísima Virgen María, y de sus muchos santos del alma, le conforten en la gloria del cielo, junto a su esposo, sus padres, hermanos y demás seres queridos! AMÉN.

¡Muy buenos días!