Texto: Agustín Alcalde, OSA
Música: Walk in the park
Corazones que te han tocado
He vuelto de Argentina y recorro y recuerdo contigo un poco el camino que he seguido. No es un camino físico sino humano. -No es fácil escribir sobre “lo humano” que nos circunda; preferimos hablar de paisajes o sentimientos, incluso de experiencias.
Un camino “humano” es algo así como un recuerdo sin prisas de “corazones que te han tocado”, aunque sea un trayecto rápido el realizado.
Primer RECUERDO HUMANO: Un Buenos Aires lleno de coches y gente, calles inquietas como las que piso en España. Pero en una casa, casi del Centro, en San Martín de Tours, un amigo está en un periodo vital “difícil” con sus tratamientos de quimio y llamadas, soledades y visitas incluso de España. Allí, él sabe que Alguien le cuida y le llama cada mañana y le invita a seguir “vivo”. También a mí me hubiera gustado decirle le frase de Li Bai (701-762): “El que vive es un viajero en tránsito; el que muere es un hombre que torna a su morada. Un trayecto muy corto y breve entre el cielo y la tierra”
Segundo RECUERDO: no muy lejos de Salta, en Cafayate, se trata de una persona inmersa en la Cordillera Andina, que es llamada a ser obispo. 4000 personas le arropan en la misa de Consagración. Su homilía recoge más de 100 nombres, más de 20 lugares, muchos sentimientos y un programa de acción con tres objetivos que hablan de solidaridad, respeto y amor, también al pobre… como él se siente mientras recorre el reciento (que otros veces es un lugar de festivales) bendiciendo a todos al final de la celebración.
Y entre estos dos grandes focos: Gabriel y Joaquín. Gabriel tiene muchos hijos y eso que es muy joven; cuando me saludó y recordamos nuestro encuentro del año anterior cuando nos vimos (en el mismo lugar, en la ruta de Cafayate: el Anfiteatro), volví a sentir la presencia de un profeta adverso porque sueña más de lo que puede y quiere mucho más de lo que sueña y entre sus mayores amores: Karina y sus 11 hijos escriben una historia inaudita.
Joaquín es un niño-joven que no tenía una visera y recogió la que le di y él la aceptó como un trofeo que luego fue enarbolando por todo el patio como si fuese una conquista propia. Él es la ilusión sólo rota por la realidad dura de una juventud desanimada a la cual pronto se juntará; pero ese día él soñó estar en Italia en vez de Santa María (Catamarca) y ser tal vez un gran personaje sin salir del patio de su colegio.