Evangelio
Domingo V de Pascua.

Jn 13, 31-33a. 34-35



Texto: Miguel G. de la Lastra, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».


Como yo os he amado

“Como yo os he amado” Habíamos escuchado estas palabras durante el triduo santo. El jueves santo, al lavar los pies y al depositar al Señor en el monumento, al acompañarle en la hora santa y en la agonía de Getsemaní habíamos hecho resonar estas Palabras. Entonces las escuchábamos mezcladas con ecos de despedida, ecos de cobardía en el jardín, ecos de miedo en el pretorio, ecos de fracaso en el Gólgota. ¡Cómo vamos a amar de la misma manera! Nosotros sólo sabemos amar en cobardía, en mediocridad. Amamos con un amor que se apaga a mitad de jornada, que se deja arrastrar por tantos conflictos internos y externos. ¿Qué señal va a ser un amor tan pequeño? ¿Cómo alguien va a dar gloria a Dios al ver la forma tan humana e interesada como nosotros nos amamos?

Y sin embargo es ahora cuando “va a ser glorificado el Hijo del Hombre”. Habían pasado cosas admirables en Galilea donde Jesús manifestaba su poder y su sabiduría. El discurso de las bienaventuranzas, la multiplicación de los panes, los diversos milagros.  Ahora lo que va a suceder es que va a ser apresado, encadenado, condenado y muerto. “No había sido glorificado al hacer cosas divinas, y ha sido glorificado cuando va a padecer cosas humanas” (S. Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan 63,2).

La auténtica Gloria de Dios no está en manifestar su poder sino en poder compartir lo que Dios mismo es con los hombres. Los antiguos mandamientos mostraban un camino para vivir como hombres justos, pero el nuevo mandamiento muestra un camino para vivir como Dios vive, para ser como Dios es. 

Y Jesús recorre el camino, pero no sólo para dar ejemplo- Ama a los suyos, vive como hombre la misma vida de Dios. Y en ese gesto, en la mesa y en la Cruz, transforma los corazones de sus amigos. Cumple el mandamiento para que el mandamiento se cumpla en los discípulos y así se hagan también ellos como el Maestro. Parte por ellos su cuerpo y los hace su cuerpo, se pone a su servicio para hacer de ellos servidores, les manda lo que Él mismo les da. Y después les mandará a donde Él quiera.