Evangelio
Miércoles X del Tiempo Ordinario

Mt 5, 17-19



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».


Las normas en nuestra vida

Este evangelio de Mateo corresponde a una parte del Sermón del Monte y nos ofrece la opinión de Jesús sobre la Ley de Moisés. El propósito de Jesús con su vida y misión no es acabar con la ley de Moisés, pues como buen judío ha sido instruido en la importancia que tienen la Ley y los Profetas en su tradición religiosa. La ley ha sido dada por Dios a Moisés, por lo tanto, Jesús que ha sido enviado por Dios no viene a acabar con algo que había sido dado por Dios, sino que viene a darle el verdadero sentido. No podemos contentarnos solamente con cumplir la ley, Jesús quiere que esa ley se interiorice en nuestro corazón, ese es el sentido del Sermón del Monte, la ley no es algo exterior, sino que tiene que estar inscrita en nuestro corazón. Jesús en su enseñanza va más allá de la ley, quiere que se cumpla ley, pero la sobrepasa, ya no es una regulación meramente externa, sino que está dentro del corazón.

            En los Evangelios hay una polémica entre Jesús y los fariseos. Pues estos últimos daban mucha importancia a las regulaciones externas de la conducta y olvidaban que todas las normas no pueden estar por encima de las personas sino a su servicio. Las leyes nos tienen que orientar para hacer el bien y, de ese modo, ir mejorando como personas. Si por ser fieles al cumplimiento de las normas nos olvidamos de la misericordia con el prójimo estamos muy lejos de la enseñanza de Jesús.

            Tenemos que preguntarnos qué lugar ocupan las normas en nuestra vida, si las reconocemos y seguimos o si no tienen mucha importancia. Las leyes nos muestran el camino y nos orientan para que no nos desviemos ni andemos fuera de rumbo. ¿Qué es lo realmente importante para nosotros? Seguir las normas de la Iglesia o cualquier otra regulación o ser fieles al amor misericordioso de Jesucristo. La respuesta es clara, tenemos que tener una actitud misericordiosa para con todos. Pero no hay oposición ni contraposición entre la fidelidad a las leyes y, al mismo tiempo, tener una actitud respetuosa y compasiva con todos.