Evangelio
Miércoles XXIII Tiempo Ordinario

Mateo 1, 18-23



 

Mateo 1, 18-23

Texto: Javier Antolín, OSA
Música:  Renaissance. Audionautix

La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».



Dios acompaña nuestro vivir

De nuevo Jesús cercano a los enfermos, haciendo curaciones. Sin alaracas. Es el bien venciendo al mal. Es la expresión del reino que tiene que llegar a todos y a todas partes. No puede retenerse. Tiene que crecer.

Claramente el reino, la realización del reino tiene que ver con el bien. La fuerza del reino es la fuerza del bien; el bien no solo formulado o deseado, sino hecho, realizado, en acción… Y con mucha frecuencia esa fuerza la expresa Jesús en el Evangelio por medio de curaciones. En ese sentido estas acciones van mucho más allá del milagro o lo extraordinario. Son concreción del reino anunciado, de ese núcleo central de la vida y mensaje de Jesús.

La fuerza de Jesús haciendo el bien en y a favor de las personas expulsa el mal. Aunque convivan, en la dinámica del reino, bien y mal son incompatibles. En esa dinámica el bien tiene más fuerza que el mal porque viene de Dios. El bien hace callar al mal.  

Acoger y “apuntarme” a este reino que tiene que llegar a todos, es hacer el bien en lo concreto y a las personas concretas. Sabemos dónde encontrar la fuerza: él no falla. Y así, haciendo el bien, el mundo cambia… se va haciendo reino. ¿Aceptamos la invitación?