Evangelio
Miércoles XXIV Tiempo Ordinario

Jn 19, 25-27



 

Jn 19, 25-27

Texto: Santiago Sierra, OSA
Música:  Renaissance. Audionautix

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.

Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.



La presencia de la Madre

De nuevo Jesús cercano a los enfermos, haciendo curaciones. Sin alaracas. Es el bien venciendo al mal. Es la expresión del reino que tiene que llegar a todos y a todas partes. No puede retenerse. Tiene que crecer.

Claramente el reino, la realización del reino tiene que ver con el bien. La fuerza del reino es la fuerza del bien; el bien no solo formulado o deseado, sino hecho, realizado, en acción… Y con mucha frecuencia esa fuerza la expresa Jesús en el Evangelio por medio de curaciones. En ese sentido estas acciones van mucho más allá del milagro o lo extraordinario. Son concreción del reino anunciado, de ese núcleo central de la vida y mensaje de Jesús.

La fuerza de Jesús haciendo el bien en y a favor de las personas expulsa el mal. Aunque convivan, en la dinámica del reino, bien y mal son incompatibles. En esa dinámica el bien tiene más fuerza que el mal porque viene de Dios. El bien hace callar al mal.  

Acoger y “apuntarme” a este reino que tiene que llegar a todos, es hacer el bien en lo concreto y a las personas concretas. Sabemos dónde encontrar la fuerza: él no falla. Y así, haciendo el bien, el mundo cambia… se va haciendo reino. ¿Aceptamos la invitación?