Evangelio
Miércoles XXVI Tiempo Ordinario

Lc 9, 1-6



Jn 1,47-51

Música:  Renaissance. Audionautix

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



Vistazos y miradas

Educar la mirada, la forma de ver tiene mucho sabor evangélico. Las miradas y vistazo de Jesús enseñan mucho y son muy transformadoras. Jesús ve a Natanael cuando estaba debajo de la higuera. Y viéndole le conoce y le conoce en profundidad. Somos transparentes para Jesús. No importa a la sombra de qué higuera estemos; ni importa en lo que andemos. Jesús nos conoce, mejor que nosotros mismos, en profundidad.

Saberse conocido por Jesús interpela. E interpela mucho, porque nos permite descubrir nuestra identidad, nos aclara lo que somos para Él: siempre queridos y valorados. Y a partir de ahí también nuestra mirada, nuestra forma de ver cambia… Esa aclaración sobre nosotros mismos nos abre a “ver cosas mayores”;