Evangelio
Domingo XXX del Tiempo Ordinario. DOMUND

Mc 10,46-52



Texto: Amet Moreno, OSA
Música: Reinnasance audionautix

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí».

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más:
«Hijo de David, ten compasión de mí».

Jesús se detuvo y dijo:
«Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole:
«Ánimo, levántate, que te llama».
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo:
«¿Qué quieres que te haga?».

El ciego le contestó:
«“Rabbuní”, que recobre la vista».

Jesús le dijo:
«Anda, tu fe te ha salvado».
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


La alegría de Jesús

Este domingo es el Domund  (domingo mundial de las misiones) escuchamos en la primera lectura del profeta Jeremías: “Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid:¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!” (Jr. 31, 7-9) ¿Que os parece si meditamos sobre la alegría de Jesús? Creo que es importante detenernos en esto porque la alegría que Jesús nos trae nos sana, instruye, libera y alimenta. Pare salir en misión es necesario llevar la alegría. Recordando una enseñanza de un gran Santo, Pablo VI en "Gaudete in Domino" (Alegraos en el Señor), vemos que la mayor felicidad de Jesús es ver la acogida que se da a la Palabra, la liberación, la conversión, la alegría de devolver la vista como a Bartimeo. Èl mismo se siente inundado por una gran alegría cuando comprueba que los más pequeños tienen acceso a la Revelación del Reino, cosa que queda escondida a los sabios y prudentes. Sí, "habiendo Cristo compartido en todo nuestra condición humana, menos en el pecado", él ha aceptado y gustado las alegrías afectivas y espirituales, como un don de Dios.

Vemos a Jesús en constante misión en los evangelios, no se concedió tregua alguna hasta que no "hubo anunciado la salvación a los pobres, a los afligidos el consuelo". Los evangelios abundan de manera particular en esta semilla de alegría. Los milagros de Jesús, las palabras del perdón son otras tantas muestras de la bondad divina: la gente se alegraba por tantos portentos como hacía y daba gloria a Dios. Para el cristiano, como para Jesús, se trata de vivir las alegrías humanas que el Creador pone a su disposición, en acción de gracias al Padre.

Que podamos recibir la alegría del anuncio de vida que se nos ofrece cada Domingo en nuestras celebraciones. Que acojamos con fe el envío que nos hace como misioneros de la alegría en nuestros hogares y trabajos. Esta semana contemplemos el secreto de la alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su Padre.  

Así nosotros hijos amados por el don del Espíritu, hemos sido llamados a vivir nuestra vocación con alegría. El gozo en el Señor es una de las características de quien verdaderamente vive su vocación, su estado de vida, según lo que Dios quiere, por eso san Agustín comentando el salmo 99, invita a no servir a Dios con amargura y tristeza, sino con gozo, para hacer de la alegría, vivida en el Señor, el mejor testimonio de la propia vocación. San Agustín nos dice “Servid al Señor con alegría. Os habla a todos los que soportáis todas las cosas con caridad y os alegráis en la esperanza. Servid al Señor no con la amargura de la murmuración, sino con el regocijo del amor” (en. Ps. 99, 14).