Evangelio
Jesucristo Rey del Universo. XXXIV del Tiempo Ordinario

Jn 18, 33b-37



Texto:  Ameth Moreno, OSA
Música: Reinnasance audionautix

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:
«¿Eres tú el rey de los judíos?».
Jesús le contestó:
«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
Pilato replicó:
«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó:
«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
Pilato le dijo:
«Entonces, ¿tú eres rey?».
Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».


Jesucristo Rey del Universo

La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo es el último domingo de nuestro año litúrgico. ¡Jesucristo es Rey! Quizás nos cuesta descubrir el poder de esa expresión: el Señor reina, Cristo es el Rey. Tal vez la manera más directa de reconocer la implicación práctica de esta verdad de la revelación es reconociéndonos disponibles a una fe obediente ante la majestad del Señor que nos gobierna no con los poderes de este mundo sino con el poder trasformador de su amor ofrecido desde su cruz gloriosa.  Nos dice san Agustín: “¡cuán grande es el amor de Dios a los hombres ¡Qué afecto el suyo, hasta el punto de amar incluso a los pecadores y morir de amor por ellos!”. Así en esta lógica del don podamos rezar diciendo: “Jesús es mi Señor” y "Yo soy siervo de Cristo" dándole nuestra mente y nuestro corazón para que obre maravillas. Esta llamada a vivir su reinado no es solo un asunto personal, intimo y de fervor y devoción, como se sigue de la primera expresión: es mi Señor, sino que la vivencia de su reinado tiene una connotación comunitaria: Cristo es Rey de todos, no sólo de los que admiten su reinado, o sea, Cristo como rey de todo y de todos.

La realidad de nuestro mundo tan cambiante y con tantas noticias de división, violencia e injusticia golpean nuestra fe con dudas sobre la eficacia última de este reinado amoroso proclamado desde la Cruz. Vemos como en muchos foros de nuestra sociedad se traicionan o infringen los principios que hemos recibido del Evangelio: ¿cómo es entonces que decimos que Cristo es Rey? Hemos de decirlo desde la fe, como disposición que actúa por la práctica del amor cristiano con todas sus consecuencias. Es un continuo entrar en un dinamismo del Espíritu de Cristo que por la virtud de la esperanza nos lleva a ver la grandeza del fin último haciéndolo todo ad maiorem Dei gloriam.

Demos gracias a Dios por este año litúrgico que terminamos, dispongamos nuestra vida para seguir celebrando su presencia ente nosotros con el inicio de otro ciclo en la vida de nuestra comunidad cristiana, dejándonos guiar por su Palabra. Para que así, sostenidos por la fuerza de la gracia ofrecida en los sacramentos, no desfallezcamos en ser testigos de su reino entre nosotros.