Evangelio
Miércoles V de Cuaresma

Jn 8, 1-11



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Keys of moon a promise

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».


Libertad interior

Según nos vamos acercando al final de la cuaresma los evangelios presentan las discusiones entre Jesús y los judíos que explican la acusación religiosa de que se considera igual a Dios, que le conducirá a la muerte.

            Además, el Evangelio de hoy nos habla de que, si somos discípulos de Jesús y nos mantenemos en su palabra, conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres. No hay otra libertad que la que viene de la verdad, de ser seguidores de Jesús. No somos esclavos ni siervos sino hermanos dentro de la familia de los hijos de Dios. La esclavitud es fruto del pecado, quien comete pecado es esclavo, lo que nos libera es la gracia que nace del amor de Dios. La libertad es consecuencia del amor de Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo. El Evangelio de San Juan insiste continuamente en que Jesús es el enviado del Padre que continúa su misma misión de traer su amor y salvación al mundo, que se puede traducir en la liberación de la esclavitud del pecado. Esa libertad interior brota de la gracia, de sabernos amados de Dios y nos ayuda a vivir como verdaderos hijos.

            Tenemos que preguntarnos si ¿somos en verdad libres interiormente? Si vivimos con la libertad de los hijos de Dios. Nos estamos preparando para celebrar la Semana Santa donde veremos como Jesús sigue su camino hasta la muerte en cruz, con libertad interior y alegría, frente a los que le acusan y condenan. Él sigue su camino hasta el final siendo fiel a su misión de anunciar la misericordia de Dios, perdonando incluso a aquellos que le condenan. Hemos de seguir a Jesús en su libertad interior, frente a su familia, ante las autoridades, ante sus mismos discípulos. Jesús se mostraba libre, ante todo, libre para anunciar su mensaje o para denunciar cualquier tipo de injusticia o de hipocresía religiosa. Que aprendamos a vivir con la libertad de Jesús, que nace de sentirnos amados de Dios y sabiendo que él nos guía y acompaña en nuestro camino, a pesar de las dificultades, que seamos libres para vivir amando hasta el final.