Evangelio
Miércoles V de Pascua.

Jn 15, 1-8



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».


Unidos a la Vid

El evangelio de hoy presenta la alegoría de la vid y de los sarmientos y en ella se nos resume una enseñanza que Jesús ha venido a traernos: nos basta estar unidos a la vid, esa es la clave de nuestra vida.

            Vivimos en un mundo en el que se reivindica la autonomía y la independencia, en el sentido de que podemos hacer muchas cosas por nuestra cuenta y, por otra parte, estamos inmersos en la comunicación y todo está conectado, y aunque creamos que hacemos muchas cosas libremente, en el fondo, muchos de nuestras actuaciones que desarrollarnos en el mundo digital y tecnológico que nos envuelve están dirigidas o no dependen completamente de nosotros.

            El sarmiento para mantenerse vivo y poder dar el fruto necesita de la savia y la vida que le viene de la vid, esa es la unión y conexión que en ningún momento se puede romper. Nosotros tenemos que conocer lo que somos, nuestra identidad de sarmientos que por sí mismos no pueden dar fruto, por lo que tenemos que estar unidos a la fuente de la vida y de esta unión como algo automático vendrán los frutos.

            A veces estamos muy interesados en que se vean los frutos, nos esforzamos en conseguir resultados, que corresponden a nuestros afanes y desvelos, y nos olvidamos de la unión con la fuente de la vida. Todo es muy fácil basta que nos mantengamos unidos a la vid. Eso es lo que hacemos en la oración intensificar nuestra unión e intimidad con Dios. El Evangelio es muy claro: sin mí no podéis hacer nada. Y si lo sabemos ¿Por qué nos desconectamos o vamos por libre? Tal vez porque queremos ser los protagonistas o por qué buscamos nuestro propio reconocimiento. Aprendamos a que nuestras obras, nuestros frutos son para la gloria de Dios, que es la fuente de donde provienen. El sarmiento por sí solo no puede dar fruto, por eso tampoco merece ninguna alabanza, solamente si se esfuerza de manera constante por estar unido a la vid verdadera.