Evangelio
Ascensión del Señor

Lc 24, 46-53



Texto: Angel Andújar, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.


Tiempo de misión             

Una de las experiencias más fascinantes que podemos tener es la de mirar al cielo, sobre todo en esas noches en que está raso, y más aún si nos alejamos de la ciudad. Contemplando el cielo podemos admirar la inmensidad de estrellas que pueblan el firmamento. Mirar al cielo es soñar, es imaginar, es admirar y es pensar. Porque de la contemplación del universo surgen infinidad de preguntas sobre el gran misterio de nuestra vida y de nuestro mundo.

La Palabra de Dios nos narra este domingo que, en cierta ocasión, había un grupo de discípulos de Jesús que se habían quedado boquiabiertos, mirando para arriba, y es que acababan de ver a Jesús ascender al cielo. Entonces alguien les dijo: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?». Imaginémoslos: parecerían embobados después de la marcha de Jesús y sin saber qué hacer. Pero la invitación que el Maestro les había hecho antes de irse definitivamente era clara: ¡ahora os toca a vosotros! Id hasta los confines de la tierra y anunciad el Evangelio a toda la creación.

Así que estos discípulos, que quizá tenían la tentación de quedarse contemplando hacia arriba indefinidamente, fueron descubriendo que era el tiempo de la misión, de empezar a predicar con el ejemplo y dar lo mejor de sus vidas a los demás.

Este domingo celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús. Estamos terminando la Pascua y esta fiesta nos hace ver que Jesús se va físicamente, asciende al cielo, es decir, está junto a Dios Padre, y que ahora son sus discípulos los que tienen que llevar a cabo su obra.

Por eso, mirar al cielo, y admirar, y detenerse a descubrir allí la grandeza de lo que existe, y hacernos preguntas importantes, es necesario; más aún, es imprescindible. Pero después de mirar hacia arriba y admirar, hay que volver a poner los pies en la tierra, y llevar lo mejor de nosotros mismos a nuestro mundo.

Para los cristianos esa es la misión; para todas las personas, ese es el compromiso que en nuestra vida nos puede ayudar a vivir con sentido. Llevemos el cielo a nuestro mundo, que desgraciadamente está lleno de dolor, injusticia y sinsentido, y mostremos a todas las personas y a toda la creación que aquello que contemplamos y admiramos ya empieza a ser una realidad aquí en la tierra.

Pidamos, pues, a nuestro Dios, que nos convierta en auténticos testigos del Resucitado, que vivamos con alegría y demostremos con nuestras vidas que el mensaje y el estilo de vida de Jesús pueden transformar las sombras de nuestra sociedad. Feliz día de la Ascensión del Señor.