Evangelio
Miércoles XV Tiempo Ordinario

Mt 11, 25-27



Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».


Ser pequeños

“Ser pequeños”. Esa es la clave para entender las cosas que Jesús nos trae. Su mensaje, su persona, su misterio… Las cosas de Dios. Puede parecer curioso, pero lo que Dios da a conocer queda oculto para los “enteraos”. Y ambas cosas, que la revelación sea para los pequeños y quede vedada a los sabios y entendidos son motivo de acción de gracias al Padre en boca de Jesús. Y da gracias porque así le ha parecido bien. Dios quiere ocultar las cosas a quienes no las quieren recibir porque ya se las saben todas Es su voluntad. No es un fallo, no es un error, no es algo circunstancial. Y se las ofrece, también es su voluntad explícita, a quiénes las desean porque las necesitan… Pequeños, necesitados…

Me siento interpelado por este evangelio… ¿Dónde me coloco? ¿Entre los “enteraos” o entre los necesitados? Me parece que nos es una opción intelectual, una decisión… Me parece que se trata, más bien, de una forma de vivir; de muchas decisiones, de muchas acciones, de muchas actitudes ante los demás, ante la vida...Ante el desafío que supone abrir el corazón a las cosas de Dios.