Evangelio
Miércoles XX Tiempo Ordinario

Mt 20, 1-16



Texto: Antonio Sanjuán Marín, cmf
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más,
pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos”


Lo que importa es la persona

Cada uno tenemos nuestro momento para el Señor.
Y nos puede pasar como a los jornaleros de la parábola, cuando vemos que el Señor da el mismo salario a los que han trabajado desde la salida del sol que a los que han trabajado sólo desde el atardecer.
Esta forma de pagar que tiene el Señor a mí me llena de alegría porque veo que el Señor lo que paga no es el trabajo.
Al Señor no le importa el tiempo que trabajan los jornaleros.
Lo que le importa es la persona.
Lo que le importa es que todos seamos trabajadores en su viña.
Cada uno tiene su momento de llamada y cada uno tiene su tiempo de trabajo. Desde el momento personal en que ahora estás viviendo, siéntete llamado o llamada por el Señor.
No mires la hora ni el reloj.
Lo importante es que el Señor te llama a trabajar en su viña que es el mundo y la Iglesia.
¡Enhorabuena porque encuentras un trabajo!  ¡Y a trabajar!.
Buenos días.

Antonio Sanjuán Marín, cmf

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