Evangelio
Miércoles XXV Tiempo Ordinario

Mt 9, 9-13



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores». a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado en la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificio": que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».


Una imagen nueva de Dios

Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista Mateo y, por eso, hemos leído el texto del Evangelio donde se nos narra su vocación. Mateo era un recaudador de impuestos y estaba sentado en la mesa trabajando, es decir, era un publicano, una persona que era despreciada por los escribas y fariseos ya que colaboraba con los romanos cobrando los impuestos a los judíos. Precisamente una de las acusaciones constantes que hacen a Jesús es que acoge a los pecadores y come con ellos. Entendían que si Jesús era el Hijo de Dios debía alejarse de los pecadores. Pero la imagen de Dios que nos presenta Jesús es todo lo contrario, él ha venido a mostrar el amor y misericordia de Dios, y son precisamente los pecadores los que tienen esa necesidad, por eso se acerca y comparte la mesa con ellos.

            Jesús no sólo llamó a Mateo, sino que sigue llamando a los pecadores, no ha venido a llamar a los buenos. Hemos escuchado como Jesús no espera a que termine su trabajo, sino que le llama en su misma faena. Sorprende que Mateo sin decir nada deja todo y lo sigue. Jesús nos sigue llamando a cada uno de nosotros que no somos los mejores, a cada uno nos llama por nuestro nombre y en el trabajo diario. La misma llamada sigue siendo válida: anunciar la buena noticia de salvación a los pecadores.

            Se nos presenta una imagen nueva de Dios, no es un dios justiciero que premia a los buenos y castiga a los malos, que mostraban los fariseos, sino que es el Dios de la misericordia y la ternura que no puede menos que amar. La lógica de Dios es la misericordia y el amor gratuito, por eso no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores. Jesús llamando a Mateo le mostró su amor por la elección, pues el mismo Jesús nos sigue llamando también a nosotros a que descubramos su amor incondicional, es decir, su salvación y, para que, sigamos anunciando y  estendiendo esa misma salvación en nuestro mundo.