Evangelio
Nuestra Señora del Pilar

Lc 11, 27-28



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Acousticguitar 1. Audionautix

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».


Bienaventurada

Celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Pilar, una de las advocaciones más antiguas con las que se honra a María. Hoy, es una muy buena ocasión para recordar a todos los santuarios marianos donde se venera a María en todas las partes del mundo cristiano, por lo que se pone de manifiesto lo de “bienaventurada me llamarán todas las generaciones”. En el Evangelio vemos como una mujer gritó en medio de la gente cuando Jesús predicaba, pero después de ella miles de persona han continuado y continúan alabando y reverenciando a María por ser la madre de Jesús. Es cierto, que podemos ensalzar a María porque dio a luz, crio y cuidó al hijo de Dios. Pero debemos señalar la corrección que hace Jesús a esta admiración en el Evangelio.

            En la cultura judía la grandeza de una mujer era tener hijos y, sobre todo, varones. Pero no todo es tener hijos. Hay algo más importante también para la mujer y para todos según el Evangelio: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Y de este modo se completa otro pasaje de Lucas 8, 19-21 donde se nos dice que su madre y sus hermanos estaban fuera y querían verle. Y él contestó: “Los que escuchan el mensaje de Dios y lo ponen en práctica, esos son mi madre y mis hermanos”.  Jesús amplía la familia, es decir, nosotros podemos ser de la familia de Jesús si atendemos la Palabra de Dios, y María, no solamente fue la madre biológica, sino que fue seguidora de Jesús, pues escucho y puso en práctica el mensaje de Dios.

            María es dichosa y bienaventurada por ser la madre de Jesús, pero también lo es por estar atenta a la Palabra de Dios y cumplirla. Todos nosotros también estamos invitados a dar vida a la Palabra. Por eso, en nuestra devoción a María, no nos quedemos únicamente en reconocerla como madre, pues ella es para todos nosotros un ejemplo de discípula, pues supo estar atenta a la Palabra, la guardó en su corazón y la puso en práctica.