Evangelio
Domingo XXXIII Tiempo Ordinario. Todos los santos de la Orden de San Agustín

Lc 21, 5-19



Texto: Ángel Andújar, OSA
Música: Autum Prelude

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


Testimonio y perseverancia

Me viene a la cabeza una pregunta que, de forma recurrente, me hace mi madre al escuchar tantas noticias desalentadoras en el tiempo presente: ¿estará llegando el fin del mundo? A mí, de entrada, sólo se me ocurre apelar a la confianza en Dios. Pero, al fin y al cabo, esta pregunta se la pueden hacer muchos a la luz de la amenaza nuclear que exhiben algunas potencias mundiales y ante tantos acontecimientos adversos que nos han desestabilizado en los últimos años. ¿Es este el fin de los tiempos?

El evangelista Lucas, de una forma preclara, respondió a los acontecimientos y preguntas de su tiempo a través de su Evangelio. El templo de Jerusalén había sido destruido hacia el año 70 d.C., y muchos consideraban que el desastre de la gran ciudad llevaba aparejado el fin de los tiempos. Han pasado siglos y siglos y seguimos constatando que no había tal relación.

Ante todo, debemos considerar que, más que el fin del mundo, estamos ante el fin de un mundo. Vivimos un cambio de época, bastantes de los proyectos que nos habíamos hecho se vienen abajo y ya nada será como antes. Pero el mundo sigue, porque más allá de lo aparente, de lo pasajero, está Jesús, el Señor de la historia (el Rey del Universo, como celebraremos el próximo domingo), guiando con firmeza nuestros pasos.

La Palabra no tiene ninguna pretensión de describir el futuro; ni Lucas ni tampoco Jesús eran adivinos. Ante todo, se trata de dotar a los creyentes, los de antes y los de ahora, de la esperanza, la fuerza y el coraje suficientes para poder vivir de forma auténtica el seguimiento de Jesucristo, en medio de las adversidades, muchas y muy variadas: conflictos, persecuciones, cataclismos, traiciones, enfermedades…

Junto con esto, se pone en valor el tiempo presente: Jesús invita a sus discípulos a dar testimonio con su vida. Nada de recluirse en casa, con temor a asomarse a un mundo inhóspito. En los tiempos evangélicos, había algunos que, ante la espera de una inminente venida del Señor, la parusía, empezaban a perder contacto con la realidad cotidiana, como si ya nada importase. Por eso son invitados a vivir en el aquí y el ahora, trabajando con ahínco (el que no trabaja, que no coma, dice hoy San Pablo) en el tiempo presente tal y como el Señor nos ha invitado a hacer.

Hoy, 13 de noviembre, celebramos el cumpleaños de San Agustín: hace 1.668 años vino al mundo uno de los grandes genios de la historia de la humanidad. En la familia agustiniana celebramos en este día a todos los Santos de la Orden. Iluminados por el ejemplo inigualable del Santo de Hipona y de todos aquellos que, siguiendo su vida y sus enseñanzas, nos han precedido, busquemos esa santidad en medio de los avatares de la existencia, con la cabeza bien alta y con la confianza de seguir dando lo mejor de nuestras vidas por el Reino de Dios. ¡Feliz día del Señor!