Evangelio
Miércoles XXXIV Tiempo Ordinario

Lc 21,12-19



Texto: Javier Antolín, OSA
Música: Autum Prelude

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».


Ser testigos

El Evangelio está escrito en un tiempo de dificultades y persecuciones que están viviendo los primeros cristianos, pues es una exhortación a mantenerse firme en esos momentos de contrariedad. Queda muy claro que ser discípulo de Jesús no es fácil, él nos ha dicho que el que quiera seguirle que tome su cruz y le siga. Jesús no nos ha engañado pues nunca prometió que el camino sería fácil, al contrario, nos avisó: “si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15,20). Conocemos muy bien la suerte de Jesús y la de muchos mártires que a lo largo de la historia han dado testimonio de fidelidad al Evangelio.

            El martirio es el testimonio supremo de la fe. Durante siglos la Iglesia solo reconoció como santos a los mártires y, aún hoy día, los mártires son canonizados sin muchos requerimientos. Seguramente nosotros no vamos a ofrecer la vida en el martirio, pero todos estamos llamados a entregar nuestra vida en el servicio y la caridad en la vida de cada día. Por eso, como nos dice el Evangelio, en los tiempos de prueba y contrariedad tenemos oportunidad de dar testimonio del seguimiento de Jesús. Hemos de ver las persecuciones, insultos y demás contratiempos como una ocasión en la que se pone a prueba y, al mismo tiempo, se fortalece nuestra fe.

            No nos queda más que hacer nuestra la oración del final de la lectura y pedir la gracia a Dios de mantenernos firmes por medio de la constancia y paciencia y, de ese modo, poder salvar nuestras vidas. Pues, en los infortunios y adversidades, tenemos que poner nuestra confianza en el Señor que nos ha dicho, que ningún cabello de nuestra cabeza se perderá.