Texto: Jesús Baños, OSA
Música: A new day. Mixaund
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
¿Incomplatibles?
Muchas veces se ha leído este evangelio a la luz de las relaciones entre acción y contemplación en la vida cristiana o más específicamente la relación con el Señor Jesús. Y es difícil escuchando las palabras de Jesús a Marta no sacar una conclusión comparativa. Estar a los pies de Jesús, escuchar su palabra (la contemplación) es “la mejor parte”. Así que en el evangelio de hoy encontramos, por parte de Jesús, una invitación muy clara para nosotros que lo tenemos que actualizar para nuestra vida; y la invitación es tener la actitud de María: estar a sus pies como discípulos y escucharlo con atención.
Y es que difícilmente vamos a poder ser amigos de Jesús, seguidores suyos si no pasamos tiempo con él, escuchándolo; si no entramos en esa relación de intimidad en la que lo único necesario es estar juntos.
Pero el servicio al Señor, esa actitud que personifica Marta, no es incompatible con la que personifica María. Y eso me parece a mí que es lo que Jesús le reprocha: estar en el servicio excluyendo la posibilidad de estar a los pies; atender a las cosas y al servicio, aunque sea servicio para Jesús, no puede impedirte estar con Jesús, a sus pies. Eso es lo necesario y si te lo pierdes por estar ocupado en “tantas cosas” pues te perdiste lo que realmente te hace ser amigo de Jesús. Marta es la que se compara y se queja – dile que me eche una mano- y de ahí viene el reproche; ella también desea estar cerca de Jesús, pero más que la tarea es la queja y la comparación lo que se lo impide. Sirve, pero sirve sin quejarte y compararte y que eso – tantas cosas – no te deje sin posibilidad de estar con Jesús.
Uno, dejando resonar la enseñanza del evangelio, llega a imaginar una escena equilibrada en la que todos están contentos: Marta sirve, eso hace posible que Jesús esté cómodo y hable; María escucha. Marta termina de servir y se sienta junto a su hermana. Y hasta puede que a la hora de recoger María se levante. Todos felices.