Día y noche
“¡Qué grata sucesión en la alternación del día y de la noche, qué acariciadora la temperatura del ambiente! ¡Y cuánta materia para confeccionar los vestidos tanto en los frutos como en los animales! ¿Quién sería capaz de enumerar todo esto? (La Ciudad de Dios, XXII, XXIV).
Si pudiera al cielo
robarle una estrella,
la pondría en mi lecho
por cabecera
donde apoyar mis sueños,
con quien compartir mis penas.
¡Te veo yo tan lejana,
añorada primavera,
que pensar en ti
me causa quimera.
Hoy, es el estío
quien gana la guerra!
Baja del cielo tú sola
-yo te espero aquí en la tierra-,
brillante estrella.
Nazario Lucas Alonso