Píldoras de San Agustín

Escrito el 04/08/2025
Agustinos

1

 

 

¡Hola, qué tal, cómo estás!

Hemos comenzado el mes de agosto y, para muchos, es un tiempo dedicado a descansar, viajar, conocer otros lugares, otras personas. También, cómo no, para estar con la familia y los amigos de toda la vida.

Al mismo tiempo, este domingo ha concluido el Jubileo de los Jóvenes en Roma. Han sido casi un millón de participantes de todo el mundo que se han dado cita para compartir la fe, participar en catequesis, celebraciones litúrgicas y encontrarse con el papa.

Para ellos, dos actos han sido muy importantes en esta peregrinación por el Jubileo: la vigilia del sábado por la noche y la eucaristía del domingo por la mañana. Dos experiencias de unión de almas y corazones, de comunión eclesial.

Todo sabemos que, cuando se va a Roma en peregrinación, como han hecho los jóvenes, la intención es rezar, visitar las iglesias, la basílica de San Pedro, confesarse. Y, sobre todo, encontrase con otros creyentes, volver la mirada hacia Dios, confirmar la fe en Jesús, llenarse del Espíritu Santo.

Y, a la vuelta, derramar en cada persona y ambiente en el que se vive, el embriagador y profundo olor del perfume celestial que ha supuesto el encuentro con Jesús y los demás.

Nos dice San Agustín:

“La oración pura que sale de un corazón fiel será como incienso que sube desde un altar consagrado. Ningún perfume puede ser más agradable a Dios, que el de su mismo Hijo. Todos los creyentes pueden perfumarse de ese mismo perfume”.

(Enarraciones sobre el salmo 140,6)

Oración:

“Señor, soy pobre y necesitado; tú eres generoso con todos aquellos que se dirigen hacia ti”.

(Confesiones 11,2)