Reflexión agustiniana

Escrito el 14/05/2022
Agustinos


“Si hay buenas ovejas, hay también buenos pastores” .

Al domingo cuarto del tiempo pascual se le denomina “Domingo del buen pastor”. La razón es que en los tres ciclos litúrgicos se lee un fragmento del capítulo décimo del evangelio según san Juan en el que Jesús se presenta a sí mismo como “el buen pastor”. A la hora de escribir estas líneas tengo en mis oídos el eco de su lectura litúrgica.

Me las ha inspirado, como habitualmente en esta sección, san Agustín; más en concreto, su célebre sermón 46 sobre los pastores. En él se encuentra la idea que figura como epígrafe: “Si hay (sunt) buenas ovejas, hay (sunt) también buenos pastores” (s. 46,30). Para entender el sentido exacto de la afirmación, ha de tenerse en cuenta que la condición es real, esto es, se cumple: “Si hay”, es decir, porque hay buenas ovejas, hay también buenos pastores. El santo no está indicando una posibilidad, sino describiendo una realidad, sin duda la de su Iglesia local Es importante señalar que no habla de pastores sin más, sino específicamente de buenos pastores.

El fundamento de esa realidad aparece en lo que precede y en lo que sigue inmediatamente al texto comentado. Lo que precede es esto: “¡Lejos de mí decir que faltan ahora buenos pastores!; ¡lejos de mí sostener que faltarán; lejos de la misericordia de Dios no engendrarlos y constituirlos como tales!”. Lo que sigue, esto otro: “Pues de las buenas ovejas salen (fiunt) los buenos pastores”. El fundamento que aduce el predicador tiene, pues, dos dimensiones: una teológica y otra sociológico-eclesial, que remiten a una convicción y a una experiencia.

Desde la dimensión teológica, el santo manifiesta su convicción, referida tanto al presente como al futuro, de que a su Iglesia ni le faltaban ni le faltarían buenos pastores. Tal convicción se sostiene en la indefectible misericordia de Dios que les da vida –hace que existan– y voluntad de servicio –los constituye como tales–. Desde la dimensión sociológico-eclesial, la convicción se apoya en la seguridad de que, cuando a Dios se le da buena materia prima –las buenas ovejas– él saca un producto de calidad –los buenos pastores–. Recurro al verbo “sacar” para traducir el pasivo fiunt (son hechos), cuyo complemento agente implícito es Dios. Utilizando otra imagen de tejas abajo, cabe decir que, cuando se cultiva debidamente la tierra que ha dar frutos, los dará y de calidad. En el caso concreto, la tierra son los fieles y sus frutos, los ministros cualificados.

Considerado el momento en que fue pronunciada, la afirmación agustiniana refleja una valoración positiva global de su clero por parte del obispo, que contrasta con la que había manifestado tener quince años antes, en el momento de su ordenación presbiteral. Entonces no tuvo reparos en censurar el orgullo de casta que lo atenazaba. Lo mismo vale para el conjunto de los fieles: la valoración positiva que deja entrever contrasta igualmente con la que él había percibido quince años antes. Para tener más detalles sobre clero y comunidad cristiana, solo es preciso leer su carta 22, la primera que escribió –al menos por lo que nos consta– como presbítero. En ella proponía a Aurelio, obispo de Cartago y Primado de la Iglesia africana, una reforma de la Iglesia, de la que incluso señalaba algunos vicios cuya erradicación consideraba imprescindible y que, de hecho, consiguió erradicar en Hipona (carta 29). Trabajando unidos, ambos pastores, Agustín y Aurelio, programaron la reforma que no tardó en dar frutos también y diría que, sobre todo, en el aspecto que estoy tratando.

La afirmación del obispo de Hipona da pie a una breve reflexión sobre nuestro presente eclesial con su precaria situación vocacional. Como pauta, recurro a la doble perspectiva señalada. En relación con la primera –la teológica–, ningún fiel cristiano pondrá en duda que la misericordia divina se mantendrá fiel a la Iglesia, su instrumento en la tierra para la salvación de los hombres. Con relación a la segunda –la eclesiológico-social–, me limito a formular una pregunta: ¿pone la comunidad cristiana en manos de Dios suficiente materia prima de calidad para que él “produzca” la abundancia deseada de buenos pastores? Es verdad que Dios no necesita de esa materia prima para “producirlos”; pero también parece serlo que no quiere que sea obra exclusivamente suya, sino que desea que también la comunidad colabore y ponga algo de su parte.

Pío de Luis, OSA