Historia y personajes

Escrito el 25/08/2022
Agustinos


Convento de San Agustín de Huesca

El convento de San Agustín de Huesca se fundó a principios del siglo XVI y pertenecía a la Provincia Agustiniana de la Corona de Aragón, siendo uno de los diez conventos agustinos que había en el reino de Aragón. Se trata de un convento modesto y con una comunidad de unos 15 religiosos. Al estar ubicado en una ciudad universitaria, como era Huesca, muchos agustinos consiguieron títulos universitarios y ejercieron diversas cátedras.

Tenemos conocimiento de 60 priores del convento de San Agustín de Huesca desde su fundación en 1510 hasta 1832.  Algunos de ellos estuvieron más de un trienio en el cargo y muchos fueron catedráticos en la universidad de la ciudad. Por la duración en el cargo hay que destacar a Fr. Cosme Villanueva, de finales del siglo XVIII, que estuvo de prior en 1786, y después fue elegido en dos trienios, en  1790 y 1793, y volvió a ser elegido en 1799 pero murió ese año. Fr. Juan Bautista Lisaca fue prior en 1628, al fallecer en su primer año el prior Fr. Vicente Felices, y volvió a ejercer el cargo en 1632 y 1638 durante dos años. Hay que señalar entre los priores a Fr. Lorenzo Ibáñez que gobernó el convento los último años del siglo XVII y fue nombrado obispo de Tropea. Fr. López de Urraca fue prior y catedrático en Huesca, siendo elegido obispo de Bosa en Cerdeña y después de Barbastro, donde murió tras una larga vida de servicio a la Orden y a la Iglesia, siendo calificado de venerable.

Por ser Huesca la única universidad de Aragón hasta finales del siglo XVI, pasaron por ellas muchos agustinos. Como sucedía en otros centros de estudios similares, en los primeros tiempos los religiosos copaban las cátedras de Teología y Artes. Fco. Diego de Ainsa dice que a la altura de la primera mitad del siglo XVII había 15 dominicos que tenían cátedras de Teología, también había 13 agustinos y 13 cistercienses, 12 carmelitas y 2 franciscanos. Respecto a los agustinos que ocuparon cátedras en la universidad de Huesca, su presencia fue muy numerosa, sobre todo en el siglo XVII, llegando a 23 los catedráticos que hubo a lo largo de la historia de la universidad. Entre estos catedráticos hubo escritores, destacando Fr. Pedro Malón de Echaide con su obra “La Magdalena penitente” y Fr. Juan de Tolosa que escribió “Aranjuez del alma: a modo de diálogos…”. Otros agustinos publicaron sermones y diversos escritos.

También hay que señalar a dos obispos que estuvieron en la universidad oscense: Fr. Agustín Arellano que ostentó sucesivos cargos y fue catedrático en Huesca y elegido Arzobispo de Bríndisi, donde murió, y el otro obispo que ejerció diversas cátedras y otros cargos importantes en la provincia fue Fr. Diego López de Urraca, que murió como obispo de Barbastro, después de haber estado en Bosa, en Cerdeña.

Hasta el siglo XVIII los agustinos permanecieron en el convento de San Agustín, adosado a la antigua ermita de Santa María in foris, extra muros de la ciudad, para trasladarse a uno nuevo a finales de siglo. Ramón de Huesca nos informa de un hecho excepcional en el clero regular, como fue el traslado de los agustinos a un nuevo inmueble. Relata el autor que el año 1788 el rey Carlos III entregó a los agustinos el colegio y la iglesia de los jesuitas de Huesca, que habían sido expulsados hacía 20 años. A partir de entonces la iglesia jesuítica recuperó mucho culto y asistencia de gente y, así los agustinos pasaron de un convento pobre de fábrica y rentas a uno de los mejores de la provincia religiosa.

Al llegar la ocupación francesa en 1809 la administración francesa de la ciudad declaró la supresión de los conventos, así como la exclaustración de los frailes, que debían pasar al clero secular o secularizarse. Los bienes de conventos y monasterios se sacaron a subasta para su venta. Su enajenación tuvo poca duración, ya que al terminar la Guerra de la Independencia no fueron reconocidas las adquisiciones y los compradores tuvieron que devolver las fincas a sus dueños.

Al llegar el Trienio Liberal en 1820 se aprobó un decreto desamortizador el 25 de octubre de ese año que ordenaba el cierre de los conventos con un número pequeño de miembros, diez frailes, y también se obligó a reducir la presencia a un solo convento en las ciudades donde hubiera más de un. A la muerte de Fernando VII en 1833 los gobiernos de la regente María Cristina eligieron la senda del liberalismo, como oposición al carlismo que había iniciado el enfrentamiento civil en la defensa del absolutismo del candidato Carlos. Una de las banderas que proponía el liberalismo era la reforma del clero, reduciendo los conventos y el número de religiosos, y anulando instituciones religiosas que habían perdido relevancia social.

Tras el decreto del 8 de marzo de 1836 del gobierno liberal que declaraba la supresión de todas las congregaciones religiosas de varones y los sucesivos decretos desamortizadores de Mendizábal, comenzó la ocupación de sus inmuebles y la venta de los bienes del clero regular en subasta pública.

Con la salida de los religiosos de San Vicente el Real en 1836, como sucedió en otros muchos casos, el edificio conventual de Huesca pasó a ser cuartel de Infantería. Se conservó la gran iglesia de San Vicente el Real, la más importante dedicada al patrono de la ciudad, que pasó a depender del obispado. A partir de 1896 se derribó el convento de los agustinos y sobre su solar se construirá un edificio para los juzgados y otro para correos. Cuando se permita la vuelta de los jesuitas a la ciudad en 1878 se instalarán en una residencia y se harán cargo de la iglesia de San Vicente, que ellos habían construido en el siglo XVIII.

Aunque el convento agustino no fue un centro propio de estudios, tenía estudio de Teología y poseía la autorización para que hubiera un predicador, y se vio favorecido por el hecho de encontrarse en una ciudad universitaria, con agustinos ocupando algunas cátedras, lo que hacía que el ambiente en la casa fuera erudito. La presencia de los agustinos en la ciudad se ponía de manifiesto en las festividades de los grandes santos agustinos, como San Agustín, Santa Mónica, San Nicolás de Tolentino o Santo Tomás de Villanueva; así como en las fiestas de las cofradías asentadas en el convento, como la de Ntra. Sra. De la Consolación y Correa, Ntra. Sra. De la Piedad, San Agustín y San Esteban.

Por esta comunidad religiosa pasaron frailes con fama de virtud y santidad, y tres de ellos llegarán a ser obispos en diversas diócesis de la Corona de Aragón, incluido Huesca, Jaca, Barbastro y el reino de Nápoles. Fueron conventuales de esta casa Fco. López de Urraca, catedrático en Huesca y nombrado obispo de Bosa, en Cerdeña en 1670, y después de Barbastro en 1681. Fr. Lorenzo Ibáñez que será nombrado obispo de Lanchano en 1697, pero antes de ocupar la sede pasó a Tropea, en Nápoles, y Fr. Agustín Arellano nombrado arzobispo de Brindisi en 1697, también en Nápoles.

La valía del convento no estaba en sus instalaciones, más bien austeras, ni en sus propiedades que eran pequeñas, sino en los religiosos que en ella vivieron. Muchos de sus priores y otros religiosos de la casa ejercieron la docencia en las cátedras de la universidad, algunos fueron insignes predicadores y así lo atestiguaron en la predicación de varias cuaresmas en la catedral.

 Fr. Ricardo Paniagua