Habla San Agustín

Escrito el 20/09/2022
Agustinos


Música: Gregoire Lourne, Africa the Cradle of life

Necesitamos las palabras

Para nosotros son necesarias las palabras: ellas nos amonestan y nos permiten ver lo que pedimos, sin que se nos ocurra pensar que con ellas vamos a enseñar o a forzar al Señor. Cuando decimos santificado sea tu nombre, nos incitamos a nosotros mismos a desear que el nombre del Señor, que siempre es santo, sea tenido como santo por los hombres, es decir, no sea despreciado. Cuando decimos venga a nosotros tu reino, que ciertamente ha de venir, queramos o no queramos, enardecemos nuestro deseo de aquel reino, para que venga a nosotros y merezcamos reinar en él. Cuando decimos hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, le pedimos para nosotros la misma obediencia, para que cumplamos su voluntad, como en el cielo la cumplen sus ángeles. Cuando decimos el pan nuestro de cada día dánosle hoy, en el término hoy entendemos el tiempo presente, para el que pedimos aquella suficiencia arriba mencionada, bajo el nombre de pan, es decir, de la parte principal; o quizá puede entenderse el sacramento de los fieles, que nos es necesario en el tiempo presente, aunque no para la felicidad del tiempo presente, sino para la eterna. Cuando decimos perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, nos obligamos a recapacitar sobre lo que pedimos y sobre lo que hacemos, para que merezcamos recibirlo. Cuando decimos no nos dejes caer en la tentación, nos exhortamos a pedirlo, no sea que, careciendo de la ayuda divina, sobrevenga la tentación y consintamos seducidos o cedamos afligidos. Cuando decimos mas líbranos de mal, nos invitamos a pensar que no estamos aún en aquel lugar bueno en que no padeceremos mal alguno. Y esto último que se dice en la oración dominical abarca tanto, que el cristiano sometido a cualquiera tribulación gime con esa fórmula, con ella llora, por ella comienza, en ella se para y por ella termina la oración. Era menester valerse de palabras para imprimir en nuestra memoria las realidades mismas.

San Agustín, Carta 130, 11,21