Reflexión agustiniana

Escrito el 24/12/2022
Agustinos


Hacia la verdad del corazón (2)

En el camino de la interioridad se va desvelando aquello que somos nosotros. El camino lleva hacia el sí mismo de cada uno: hacia su propia realidad, a su persona. Al mismo tiempo, el camino se dirige hacia “el otro”, es decir, hacia la verdad divina que llevamos dentro de nosotros mismos. Esta es la auténtica experiencia agustiniana de la interioridad, la verdad del corazón, toda ella vivida en un ámbito de gracia y de don, y es el camino de capacitación en el  asombrarse, en el admirarse: “Señor, Tú estabas delante de mí pero yo había desertado de mí mismo. Y como no me encontraba a mí mismo, ¡cuánto menos a Ti!“ (Confesiones 5, 2,2).

La verdad del creyente implica confianza, convicción segura, amor. Es atreverse a vender todo lo que somos y tenemos porque así se experimenta, en algún rincón de la historia, la alegría del tesoro del Dios que habita en el recóndito campo de nuestro yo. Ser creyente, personal y eclesialmente (también, sociológicamente), es un riesgo pero, antes de nada, es un regalo de Dios. Y agradecer al Señor este regalo es caer en la cuenta de la llamada a un despertar religioso, como personas y como Iglesia, para vivir y para manifestar la fe mediante el convencimiento, sin respeto humano.

Nada tiene valor sin libertad. Sólo en la libertad es posible la vida y el amor. En la medida que creamos de corazón, de verdad, surgirá una persona y una comunidad cristiana más auténtica, más libre, más arriesgada en abrir caminos nuevos: el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de  gracia del Señor (Lucas 4 18-19).

La interioridad erosionada se muestra en el desgaste de las convicciones, de las resoluciones, de las utopías. Hace falta, por tanto, despertar a la realidad de que nada en nosotros es obstáculo para el encuentro con Él, que todo deviene lugar de paso para dejarnos abrazar por un amor mayor. La alegría nace de la unificación de la vida por el Amor, cuando tenemos, o queremos tener, el corazón girado en una única dirección, vuelto hacia el Único  necesario. Concretamente, el camino de la interioridad, “andar por dentro”, nos exige conocimiento y unificación de nosotros mismos, oración y purificación del corazón, silencio y soledad para atender y escuchar a Dios.

Inmanol Larrínaga Bengoechea OAR., Interioridad: el viaje hacia uno mismo y hacia Dios. Temas desde San Agustín. Colección FAE