San Alonso de Orozco

Agustinos


San Alonso de Orozco

Alonso de Orozco nació en Oropesa (Toledo), el 10 de octubre de 1500 y murió en Madrid noventa y un años después. Una larga vida en la que destacó como escritor notable. Hay que subrayar su devoción filial a María y su dedicación a los necesitados del Madrid de su tiempo.

Enviado a la Universidad de Salamanca, ingresó en el convento de San Agustín en 1522. Un año más tarde, profesó ante quien sería, más tarde, santo Tomás de Villanueva. Junto con otros religiosos – sobresalientes en ciencia, santidad y celo apostólico –, forma parte de un grupo ilustre de agustinos del siglo XVI.

Ordenado sacerdote, en 1554, siendo superior del convento de Valladolid fue nombrado predicador real por el emperador Carlos V y, al trasladarse la Corte a Madrid, pasó al convento de san Felipe el Real y continuó en el mismo oficio bajo el reinado de Felipe II. Murió el 19 de septiembre de 1591 en el Colegio de la Encarnación o de doña María de Aragón, hoy sede del Senado español. 

Conocía el pensamiento de san Agustín y en sus escritos y sermones abundan las citas del obispo de Hipona. Quiso ser misionero y acompañar al grupo de connovicios que embarcaron como evangelizadores hacia el nuevo mundo. En 1547 – durante la travesía hasta Canarias – enfermó y los médicos le recomendaron regresara a la península.

Alonso de Orozco es el más fecundo de los autores espirituales agustinos del Siglo de Oro español. En sus obras, escritas en castellano y en latín, se revela como maestro de oración, atento – al mismo tiempo – a las necesidades de los menesterosos. La Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) ha emprendido la edición de sus Obras completas. 

Otro aspecto destacable en la biografía de Alonso de Orozco es su actividad como fundador de conventos de agustinas y agustinos, y reformador de la vida religiosa.

Es el último santo agustino canonizado en el siglo XX. Beatificado por el Papa León XIII el 15 de enero de 1882, fue canonizado el 19 de mayo de 2002 por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro de Roma. Sus restos reposan en la capilla del Convento de agustinas que lleva su nombre, en la calle La Granja de Madrid. En el mismo lugar se puede contemplar el gran lienzo que presidió la Plaza de San Pedro el día de la canonización del santo de Oropesa.