Sabías que...

Agustinos


 

"Lectura de la Biblia y Eucarístía"

Dos cosas son muy importantes para los religiosos agustinos que conoces y con los que te tratas en el colegio, en la parroquia, en la residencia universitaria, y que son: la Biblia o Sagrada Escritura y la Eucaristía o Misa.

Al igual que san Agustín se inspiró en la Sagrada Escritura para orientar su vida, así también los agustinos tienen que hacer lo mismo. De esta manera, la Palabra de Dios podrá transformar sus corazones y se convertirán a una vida renovada. Por eso, desde que estaban en el seminario, se les insistía en ser constantes en la lectura y meditación de la Palabra de Dios.

Por otra parte, la comunidad agustiniana, al igual que el resto de la Iglesia, tiene su raíz y soporte en la celebración y participación en la Misa. Y esto porque en el sacramento de la Eucaristía se realiza la obra de nuestra salvación y se verifica la unidad y la comunión, visible e invisible, del Cuerpo de Cristo.

Esta unidad debe realizarse y hacerse visible en las comunidades religiosas agustinas y extenderse a la fraternidad universal. Y, con la finalidad, de saciar el hambre de la familia humana, especialmente de los hambrientos de paz, de justicia, de solidaridad y de defensa de los derechos humanos. De ahí que ir a Misa, celebrar la Eucaristía, siempre tiene que estar unido con trabajar por la justicia y la paz. No se pueden separar.

Ahora, para poder unir bien la oración y la acción, Jesús se ha quedado de forma permanente a nuestro lado en el templo, en el sagrario, como se nos indica con una luz o vela roja que vemos allí. Jesús está ahí para auxiliarnos y consolarnos cualquier día y en cualquier momento del día.

Se les recomienda a los religiosos agustinos, y a todo cristiano, a ti también, a gozar de la presencia del Señor en el sagrario, visitándole en cualquier instante del día, para intimar con él, abrirle el corazón en favor de la unidad de la Iglesia, de la paz y la salvación del mundo.

Prueba a ir hoy al templo o capilla y a ponerte delante del Señor, que está en el sagrario, para pedirle que te aumente la fe, la esperanza, la caridad. Para decirle con el corazón en la mano que le amas, y para darle las gracias por el gran amor que ha manifestado al dar su vida por nosotros.

 (Constituciones 91-95)