Beato Santiago de Viterbo

Agustinos


Beato Santiago de Viterbo

 La vida de Santiago de Viterbo se enmarca entre los siglos XIII y XIV. Fue un escritor profundo, gran teólogo y conocedor de la doctrina de san Agustín que siempre citó en sus homilías y en las obras escritas.

Viterbo es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Italia. Situada al noroeste de Roma, es conocida por sus monumentos y célebre por el larguísimo cón­clave allí celebrado – de 1268 a 1271 – hasta la elección de Gregorio X. En la zona occidental del casco histórico destaca el Palacio de los papas. En el siglo XIII, este lugar fue elegido como la residencia de los papas cansados de las intrigas de Roma. Se trata de un edificio gótico que también se usó para que el colegio cardenalicio eligiera nuevo sumo pontífice.

Santiago de Viterbo nació en torno a 1255 y tomó hábito en el convento agustino de la Santísima Trinidad, en 1272. Años más tarde fue enviado a París para cursar la teología en el Estudio de la Orden, donde frecuentó las lecciones de Egidio Romano. Cuando Egidio Romano fue elegido Prior Ge­neral, nombró a su antiguo alumno regente del estudio parisino.

De nuevo en Italia en 1300, enseñó en el estudio de Nápoles hasta que en 1302 fue nombrado arzobispo de Benevento por Bonifacio VIII. Dos años más tarde, fue trasladado a la archidiócesis de Nápoles.

Destaca su entrañable amor a la Iglesia y a la doctrina de san Agustín. Enamorado de la Sagrada Escritura, comenta: “Como dicen los grandes doctores, el amor de Dios es el fin de la doctrina sagrada, no solo de una parte, sino de toda ella. El fin de la Sagrada Escritura es nuestra salvación, por lo cual se llama ciencia de la salvación”.

Por otra parte, defendió de forma clara la autoridad y el primado del papa y enseñó – junto con sus discípulos – que los obispos son sucesores de los apóstoles en el oficio de instruir y gobernar al pueblo cristiano, en unión y dependencia del papa sucesor de Pedro. 

Le sorprendió la muerte en Nápoles, a finales de 1307 o comienzos de 1308. Su obra teológica De regimine christiano, escrita en 1303 con ocasión del enfrentamiento entre Bonifacio VIII y Felipe el Hermoso, se puede considerar el primer tratado sistemático acerca de la Iglesia.

El Papa Pío X confirmó su culto en 1911.