1 de enero con San Agustin

Publicado el 01/01/2022
Agustinos


 Santa María, Madre de Dios

Lc 2, 41-52

Se hizo hombre quien hizo al hombre.

En esta fiesta de María, Madre de Dios contemplamos cómo María es imagen de la iglesia. Por María entró en el mundo la salvación, por María el creador toma cuerpo humano. Así, también la iglesia va a ser, como María, madre espiritual de todos sus hijos, los seguidores de Jesús. La iglesia será virgen y madre, como María, porque va a ser madre que engendra a sus hijos. Porque, como dirá San Agustín: “concibe a Cristo quien cree en su corazón”. Dejemos que sea Cristo el que crezca cada día en nuestro corazón y en la Iglesia, comunidad de los que seguimos a Cristo.

“Al hacerse carne, la Palabra del Padre que hizo los tiempos hizo para nosotros en el tiempo el día de su nacimiento. Por su nacimiento humano quiso reservarse un día aquel sin cuya voluntad divina no transcurre ni un solo día. Existiendo junto al Padre, precede a todos los siglos; al nacer de madre, se introdujo en este día en el curso de los años. Se hizo hombre quien hizo al hombre. De esa manera toma el pecho quien gobierna los astros; siente hambre el pan, sed la fuente; duerme la luz; el camino se fatiga en la marcha; falsos testigos acusan a la verdad, un juez mortal juzga al juez de vivos y muertos, gente injusta condena a la justicia; la disciplina es castigada con azotes, el racimo coronado de espinas, la base colgada de un madero; la fortaleza aparece debilitada, la salud herida, la vida muerta. Ni él que por nosotros sufrió tantos males hizo mal alguno, ni nosotros que por él recibimos tantos bienes merecíamos bien alguno. Con todo, para librarnos a nosotros, a pesar de ser indignos, aceptó sufrir tales ignominias y otras parecidas. Con esa finalidad, el que existía como hijo de Dios desde antes de los siglos sin un primer día, se dignó hacerse hijo del hombre en los últimos días. Y nacido del Padre sin ser hecho por él, fue hecho en la madre que él había hecho. Comenzó a existir aquí al nacer de aquella que nunca y en ningún lugar hubiera podido existir a no ser por él.

La Iglesia, pues, imita a la madre de su Señor: dado que corporalmente no pudo ser madre y virgen a la vez, lo es en el espíritu. Cristo, que hizo virgen a su Iglesia rescatándola de la fornicación con los demonios, en ningún modo privó, al nacer, a su madre de la virginidad. Ha nacido de mujer quien no fue sembrado por varón en la mujer. Quien os trajo algo que amar no quitó a su madre eso que amáis. Quien sana en vosotras lo que heredasteis de Eva, ¡cómo iba a dañar lo que habéis amado en María!

Lo que admiráis en la carne de María, realizadlo en el interior de vuestra alma. Concibe a Cristo quien cree en su corazón con vistas a la justicia; le da a luz quien con su boca lo confiesa con la mirada puesta en la salvación. Así, pues, sea fecunda la fecundidad de vuestras almas, conservando la virginidad.”

Sermón 191, 1.3-4.