Historia y personajes

Publicado el 03/02/2022
Agustinos


Convento de San Agustín de Valencia

El convento de San Agustín de Valencia era uno de los tres conventos más importantes de la Provincia Agustiniana de la Corona de Aragón y cabeza de la parcialidad del Reino de Valencia, que estaba constituida por 19 conventos extendidos por todo el reino y Murcia. Los otros dos conventos mayores de la provincia aragonesa eran el Zaragoza y el de Barcelona, y los capítulos provinciales se celebraban de forma alternativa en cada uno de ellos. También era uno de los más grandes y principales de la ciudad de Valencia y tenía noviciado y casa de estudios. Vivían entre sesenta y setenta religiosos, y en 1834 todavía habitaban sus claustros treinta y ocho agustinos.

La fecha de su fundación es incierta ya que se ofrecen diversos datos entorno a 1238, al ser reconquistada la ciudad por el rey Jaime I el Conquistador. Parece que debió ser establecida por el P. Francisco Salelles, que acompañó al rey en su entrada en la ciudad, y la fecha más probable sería hacia finales del siglo XIII. Se construyó fuera de las murallas de la ciudad, pero al extender los nuevos muros de la ciudad quedó incluido en su interior, entre las puertas de San Vicente y de los Inocentes.

En la misma ciudad de Valencia hubo otro convento agustino llamado de Ntra. Sra. del Socorro, fundado a principios del siglo XVI, que formaba parte de la Provincia de Cardeña, como los de Baleares, hasta que entraron en la Provincia de la Corona de Aragón. Estaba situado en las afueras de la ciudad y pertenecía a la observancia, mientras que el de San Agustín era claustral hasta que llegó la reforma, lo cual trajo cierta rivalidad entre los dos cenobios. En este convento residió Santo Tomás de Villanueva cuando llegó a Valencia y aquí estuvieron sus restos, hasta que en el siglo XIX pasaron a la catedral.

El convento de San Agustín se fue construyendo en el siglo XIV y se amplió en los siglos siguientes, completando uno de los más grandes y suntuosos de la ciudad. La iglesia era de estilo gótico aragonés de una sola nave, construida con piedra de sillería y tenía siete capillas por cada lado. En todas ellas había rejas y retablos que fueron construidas por familias principales y por cofradías. El retablo mayor se encargó por una enorme cantidad a un pintor italiano en 1398. A lo largo del siglo XVII se inició una remodelación del interior siguiendo los gustos del barroco y así el edificio fue renovado completamente en estilo barroco el año 1692. En esta iglesia estaban enterradas muchas personas ilustres, como dos infantas de Aragón, hijas de Juan II, dos cardenales valencianos, cinco obispos, gobernadores y algunos hijos preclaros de este convento. Había en la iglesia fundadas tres cofradías: la de La Consolación y Correa, San Agustín y del Santo Cristo. En la Sacristía existía un apostolado pintado por Ribalta y muchas imágenes de santos agustinos.

Contiguo a la iglesia se encontraba un claustro de estilo gótico con 16 arcadas por cada lado, y en el siglo XVII se construyó uno más grande con 28 arcadas y de dos pisos, forrado de azulejos que recogían la vida de N.P. San Agustín. La portería de entrada al convento era muy grande, compuesta de tres salones, con pinturas e historias de santos de la Orden. Otras partes importantes eran la escalera, enfermería, noviciado y refectorio.

Una de las joyas del convento era una imagen milagrosa de Ntra. Sra. de Gracia que se instaló en una capilla en el claustro a la que acudían muchos devotos. La ciudad y el reino realizaban procesiones en situaciones graves e incluso los reyes la visitaban cuando venían a Valencia.

En el siglo XVII se construyó la magnífica biblioteca conventual, situada entre los dos claustros, que llegó a tener más de 12.000 volúmenes, muchos códices y una extraordinaria colección de monedas, así como un gabinete de Física. El P. Muiños la califica de la más rica de España. No hace falta decir que con la entrada de las tropas francesas la biblioteca fue saqueada y sus principales joyas trasladadas a Francia.

Según el historiador de la Provincia aragonesa Fr. Jaime Jordán, entre los agustinos más señalados del convento cita a quince obispos y treinta y cinco teólogos con cátedras en varias universidades. Destaca en el siglo XV el venerable Fr. Jaime Pérez, llamado Jacobo de Valencia. Un obispo fue el venerable Fr. Melchor Aracil que estudió en Valencia, Salamanca y Toledo y después entró como agustino en el convento de Valencia, del cual escribió su vida en 1625 Fr. Gaspar Mancebón. Entre los catedráticos se nombra a Fr. Juan Gregorio Santorre, catedrático de Vísperas en la universidad de Valencia. Otro catedrático destacado, además de prior de Valencia y provincial, es Fr. Sebastián García. De finales del siglo XVII era Fr. Jaime Pérez, catedrático de Vísperas en Valencia, prior del convento de Valencia y gran predicador.

Como se hizo en otras ciudades con universidad, los agustinos valencianos fundaron un colegio en la ciudad, llamado de San Fulgencio en 1598. Era casa de estudios y residencia para los que estaban en la universidad, tanto profesores, como estudiantes.

Un hecho importantísimo para este convento fue la canonización de Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia. Primero se hicieron fiestas en la beatificación que se produjo en 1618, que culminaba el primer paso de su proceso iniciado en 1601. Pero la gran fiesta de la subida a los altares se produjo en 1659, con las fiestas que hubo en la ciudad, como también se hizo en muchos conventos de agustinos de todo el mundo, y fue recogido en un libro por M. A. Ortí Ballester, publicado en 1659.

Con la entrada de las tropas francesas en 1812 el convento fue ocupado y sus miembros tuvieron que abandonar el recinto. El resultado de este hecho produjo graves destrozos en el edificio e iglesia y el robo de sus riquezas, como fue la magnífica biblioteca. Al concluir la ocupación francesa los religiosos volvieron al convento, pero en 1835 tuvieron que abandonar el edificio al publicarse los decretos desamortizadores. La iglesia se pudo mantener abierta y en 1902 se trasladó a ella la parroquia de Santa Catalina, llamándose desde entonces de Santa Catalina y San Agustín y está regentada por el clero diocesano.

El convento se convirtió en presidio y ejerció de tal hasta 1904, en que se cerró y derribó, ocupando sus espacios unos jardines. En 1912 se construyó un campanario adosado a la iglesia en estilo goticista. Durante la guerra civil de 1936 la iglesia quedó arrasada y se pensó en derruirla, pero 1940 se comenzó unas obras de restauración y se le dotó de nuevas imágenes, presidiendo el altar mayor la imagen de la Virgen de Gracia, que se salvó de tantos avatares.

Los agustinos volvieron a Valencia en 1951 y construyeron un colegio bajo el patronazgo de Santo Tomás de Villanueva que se mantiene en nuestros días. También desde 1965 los agustinos se hicieron cargo de la parroquia de Cristo Rey, que pertenecía al antiguo monasterio de San Vicente de Roqueta.

                                                                                                                       Fr. Ricardo Paniagua