Día Mundial de la Relajación

Publicado el 15/08/2022
Agustinos


 “Disfrutar de las personas, de las cosas"

Cada 15 de agosto se celebra el Día Mundial de la Relajación, aunque nadie sabe claramente cómo surgió este día. Solo se puede indicar que, desde hace unos años, se ha popularizado su celebración en todo el mundo.  

El objetivo de esta jornada es concientizar sobre la importancia de realizar actividades que corten con la rutina diaria, y donde esté involucrada la persona en su totalidad: cuerpo, mente y espíritu.

Para lograr esto es necesario incorporar en la vida tiempos de relajación y desconexión, de tal forma que se rebajen las consecuencias que el estrés y la ansiedad provocan en las personas, las cuales viven en continua tensión nerviosa en esta sociedad actual.

Hay que recordar que el estrés es uno de los principales detonantes de enfermedades como alta presión arterial, problemas mentales y cardiacos, obesidad e incluso diabetes. Por eso, la importancia de la relajación, de tener tiempos para alejarse de todo aquello que estresa y lograr la tranquilidad física y la paz mental.  

Porque relajarse significa limpiar la mente y el cuerpo, liberarse de tensiones y equilibrar el organismo para que no sufra ningún tipo de colapso que ponga en peligro la salud. Y, cómo se logra la relajación, la desconexión, el descanso.  

Hay una serie de elementos que van muy unidos entre sí. Por ejemplo, se puede contemplar, meditar, hacer yoga, leer, escribir, escuchar música, realizar actividades deportivas, dejar a un lado las redes sociales, apagar el móvil, aunque esto último sea solo por este día. Y, cómo no, tener también una buena alimentación e hidratación.

Ahora bien, lo que más puede relajar es disfrutar de las personas, de las cosas y de los buenos momentos que ofrece la vida: salir con los amigos, dar un paseo, un viaje de fin de semana, ir al cine o al teatro… Son muchas las actividades que permiten romper con la situación de estrés y, por tanto, alejarse de él.

Y,  los cristianos, también dejan a un lado el estrés en el encuentro profundo con Dios, en la participación de las expresiones de religiosidad popular como las fiestas patronales, o en las peregrinaciones a Santiago de Compostela, a Tierra Santa, y a tantos otros lugares de paz, sanación espiritual y equilibrio emocional y corporal.