Jueves Santo con San Agustín

Escrito el 14/04/2022
Agustinos


 

Jueves Santo 14 de abril de 2022

Jn 13, 1-15

La redentora humildad de Cristo

En el evangelio de esta Cena del Señor en el Jueves Santo, vemos la actitud de amor y de servicios de Jesús. Jesús el maestro, el Señor, después de la cena toma el papel de esclavo lavando los pies a sus discípulos. Nos enseña la humildad y la entrega que debemos de vivir los cristianos. Y nosotros, muchas veces, preferimos los honores y grandezas. Qué lejos estamos del pensamiento de Jesús. Hoy, aprendamos la humildad de Jesús, sirvamos a nuestros hermanos más pobres y humildes, para que el Señor nos ensalce.

Sabedor, pues, de esto, se levanta de la cena y depone sus vestidos y, como hubiese tomado un paño, se ciñó. Después pone agua en la palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con el paño con que estaba ceñido. Debemos, queridísimos, observar velozmente la intención del evangelista. En efecto, quien iba a hablar de tan gran abajamiento del Señor, quiso primero encarecer su grandeza. A esto se refiere lo que asevera: Sabedor de que el Padre le puso todo en las manos, y de que de Dios salió y a Dios va. Aunque, pues, el Padre le había puesto todo en las manos, de los discípulos lava él no las manos, sino los pies; y, aunque sabía que él había salido de Dios y se dirigía a Dios, desempeñó no el oficio del Dios Señor, sino el de un hombre esclavo. Por otra parte, a esto se refiere también el haber querido hablar primeramente de su traidor, que había venido cuando era ya de esa ralea, al cual él no desconocía tampoco; así a este máximo colmo de abajamiento se sumaría el no haberse desdeñado de lavar los pies incluso a ese cuyas manos preveía metidas en el crimen.

Por otra parte, ¿qué tiene de particular, si se levantó de la cena y depuso sus vestidos quien, aunque existía en forma de Dios, se vació a sí mismo? Y ¿qué tiene de particular, si se ciñó con un paño quien, al tomar forma de esclavo, en el porte fue hallado como hombre? ¿Qué tiene de particular, si con el paño con que estaba ceñido secó los pies que había lavado quien con la carne de que estaba vestido consolidó las huellas de los evangelistas? Y, por cierto, para ceñirse con el paño, depuso los vestidos que tenía; en cambio, para tomar forma de esclavo cuando se vació a sí mismo, no depuso lo que tenía, sino que asumió lo que no tenía. Para ser crucificado fue enteramente despojado de sus vestidos; muerto, fue envuelto en paños y esa su entera pasión es nuestra purificación. Así pues, quien iba a padecer desastres, presentó sus respetos no sólo a esos por quienes iba a sufrir la muerte, sino incluso a quien iba a entregarlo a la muerte. Por cierto, es tanta la utilidad del abajamiento humano, que incluso lo recomendó con su ejemplo la sublimidad divina, porque el hombre soberbio perecería para siempre, si el Dios humilde no lo hallase, pues vino el Hijo del hombre a buscar y hacer salvo lo que había perecido. Ahora bien, había perecido por seguir la soberbia del embaucador; siga, pues, una vez hallado, el abajamiento del Redentor.

Si, pues, afirma, yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, también vosotros debéis lavar uno los pies de otro, pues os di ejemplo para que, como yo os hice, así hagáis también vosotros. Esto es, feliz Pedro, lo que desconocías cuando no permitías que se hiciera. Saber esto después, te lo prometió cuando, para que lo permitieses, al lavar tus pies te aterró tu Maestro y tu Señor. Del Excelso hemos aprendido, hermanos, la humildad; humildes hagamos mutuamente lo que el Excelso hizo humildemente. Grande es esta recomendación de la humildad y los hermanos se hacen mutuamente esto aun con la obra visible misma, cuando mutuamente se acogen con hospitalidad.

Comentario al evangelio de San Juan 55, 6-7 y 58, 4.